Miscelania

Soy Olivier Bergeron y ésta es mi historia

Soy Olivier Bergeron y ésta es mi historia

Vista de Poitiers, Francia

Nací en Poitiers (Francia). Viví con mis padres en una casa situada muy cerca de un pequeño aeropuerto: me parecía una circunstancia muy especial, una conexión con mundos extranjeros y fantásticos con los que soñaba para descubrir tierras desconocidas. El hecho de que mi padre pasara los nueve primeros años de su vida en Marruecos y que la leyenda de la familia materna contara que nuestros ancestros venían de España fue la motivación que me llevaría después a descubrir el mundo y a aprender la riqueza del intercambio cultural.

Cuando tuve la posibilidad de aprender otros idiomas -en el instituto- comencé a desarrollar mi interés por los estudios para más tarde, abordar una carrera en el ámbito del comercio internacional. Durante mis estudios universitarios de alemán e inglés aplicados al mundo de los negocios tuve ocasión de ir a trabajar como ayudante de lengua francesa en un instituto de la bonita ciudad alemana de Bad Hersfeld. De esa manera pude financiar mis estudios y mi estancia en Alemania. Esta experiencia fue algo muy especial y valioso en mi vida; me impactó de tal manera que decidí quedarme a vivir en Alemania.

En el año 1992 en la oficina de representación de un banco francés en la ciudad de Frankfurt, tras unas prácticas profesionales descubrí el camino para alcanzar mi objetivo profesional. Me especialicé en un tipo de trabajo de asesoramiento específico a pequeñas empresas francesas, clientes del banco, para dar los primeros pasos hacia el mercado alemán, un servicio que recibió un muy positivo feedback por parte de todos mis interlocutores.

Vista de Múnich, Alemania

Unos años más tarde me encargué del servicio de atención al cliente Internacional de un productor alemán de lámparas en Múnich. En dependencia de la gerencia de la empresa me responsabilicé del volumen de ventas, de la gestión, mantenimiento y control de resultados de los agentes comerciales en destino. Participé en la prospección y el desarrollo de las relaciones comerciales con los clientes. Organicé nuestra participación en ferias internacionales.

Tomando esta actividad como principal experiencia profesional, desde el año 2004 trabajé en Múnich como asesor de pequeñas y medianas empresas y fomentando la implementación de las estrategias de marketing acordadas con los empresarios.

Siempre he visto mi proyecto vital conectado con el mar, que forma parte intrínseca de mi vida: el sol y la alegría de vivir que caracterizan a las poblaciones costeras.

A comienzos del año 2011 aprendí español en Chile, donde residí durante unos meses. Al volver a Europa, tenía claro que quería empezar mi nueva etapa de vida en España. Nunca había estado en Cataluña, pero tenía excelentes referencias por los comentarios positivos que habían hecho mis amigos de las vacaciones que habían disfrutado en Barcelona. Las mejores oportunidades laborales y la proximidad del mar, fueron lo que acabaron de decidirme para dibujar una nueva etapa de mi carrera en tierras catalanas.

Cuando vi la costa catalana por primera vez desde el avión tuve la sensación muy extraña pero real de volver a casa… La tierra me atraía como un imán. Una sensación que desde entonces nunca me ha abandonado. Una intuición que me permitió superar los desafíos de mi nueva vida.

Vista de Sitges, Cataluña (España)

Durante un fin de semana de 2012 decidí visitar Sitges, localidad que no conocía. Cuando salí de la estación y bajé por las calles hacia el mar, tuve un sentimiento de déjà-vu. Me encontré delante de la iglesia de San Bartolomé y Santa Tecla. Estaba completamente absorbido por este lugar y la maravillosa vista al mar. Me sentía como si estuviera en un pueblo de mi infancia y adolescencia de la costa atlántica: Talmont sur Gironde. Por fin había encontrado mi hogar, o mi hogar me había encontrado a mí. Me mudé a Sitges en abril de 2013. De manera intuitiva, sabía que nunca tendría mejores oportunidades de encontrar las condiciones
idóneas para el buen funcionamiento de mi visión: Ceritania.

Y desde entonces, hago mías las palabras de Santiago Rusiñol:

Doncs bé, jo amics meus, anava caminant pel món, seguint terreny, saltant torrents i barrancs, quan un dia vaig veure una terra on hi feia més sol que als demés llocs, on el cel era més blau, la mar més blava també, les cases eren blanques i sense neu, i tot era verd i florit, i vaig fer alto. Vaig voler veure de la vora el que tan bonic era de lluny, vaig voler seguir aquella platja on l’escuma, sempre va i ve gronxant-se eternament, i sentir la veu d’aquella mar que enraona amb veu d’onades, dient coses que vénen de molt endins i entren més endins encara de qui les vol escoltar.
I no vaig tenir-ne prou de veure el que des de fora es veia. Vaig voler entrar en aquests patis plens de llum, on l’ombra mai hi entra, i enquibint-me en aquells raconets blancs i blaus, a cada un d’ells hi vaig trobar un amic que em rebia somrient, que m’allargava la mà, i me l’estrenyia amb apreci, i se li pintava a la cara la noblesa del seu cor. Aleshores vaig sentir-me lligat pels llaços que no venia buscar. Venia a buscar paisatges i m’emporto afeccions. Venia a veure el mar, i un mar he trobat de gent honrada, alegres de llavis i seriós de part de dins. Venia, com les papallones a la llum, i he caigut en el foc de l’amistat. Però el que no diran els meus quadros ho diré jo, i ho diré molt alt, perquè em senti tothom, i ho diré amb el pit ple d’entusiasme: que a França podran tenir molts milions, però mai podran comprar una terra com aquesta, on és malvasia el vi, or la costa, claror el cel, foc les dones, i tot neda en una atmosfera de vida i amistat”.

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